Kate Millet en España

Sábado, 1 mayo 2010 en 4:55 | Publicado en política y sociología | Deja un comentario

Me permito reproducir el email relatando más sobre la semana de Millet en España escrito por Pilar V. de Foronda

Un gran abrazo para todxs:
No sé muy bien como. No sé muy bien porqué. Este escrito es para pensar y compartir sobre ello.

El lunes de semana Santa recibí un email de Elvira Siurana en el que se me pedía colaboración para pasar la tarde con Kate Millet. Lo considere un regalo. He aprendido a honrar a las madres del feminismo. He aprendido que sin el trabajo de todas las anteriores no podríamos haber logrado tantos cambios en tan poco tiempo. Y también he aprendido que sin el trabajo de todas no podremos seguir consiguiendo cambios. Para mi ese email fue un regalo y así lo viví.

Llegué a recogerla al Entredós a las cinco de la tarde con Ernestina Coello, la Presidenta de la FEPAMUC-GU. Llegamos al Entredós y allí estaba Kate fumando su cigarrito con Silvia y Elena, que estaban encantadas de que respondiera a su llamada. Yo no entendía nada, pero pensé para mí “carpe diem” y decidí aprovechar el momento. Kate quería ir de exposiciones, pensamos en Maruja Mallo, pero la Academia cierra a las cinco, de modo que nos fuimos hacia el Caixa Forum a ver a Barceló. Para quien no lo sepa, Kate está mayor, tiene 75 años, es una fumadora empedernida y camina con dificultad. De modo que organizamos un operativo con las chicas de la Eskalera Karakola e íbamos cogiendo y dejando a Kate todo lo cerca que se podía y mientras yo me iba a aparcar el coche, ellas iban ayudándola en lo que se dejaba. Es autónoma y cabezota. Disfrute compartiendo la obra de Barceló con Kate. Disfrute viéndola disfrutar. Fue una mezcla absolutamente hermosa para mí. Éramos un grupo extraño, como una procesión. Una estudiante mexicana de Deusto que pasaba por Madrid se nos unió, las chicas de la Eskalera, Ernestina, Paloma, Kate y yo. Allí había mujeres de los 25 a los 75 años en un ataque de solidaridad cotidiano absolutamente hermoso. Al salir del Caixa Forum (para fumar un cigarrito) tomamos rumbo al jardín tropical de Atocha. Kate quiso escuchar la música de un inmigrante en la puerta del Caixa Forum, bailamos. Éramos un grupo lleno de vida y soridad. En Atocha, Kate se tomo un provolone con tomate y las demás torrijas y cafés, merendamos y hablamos de las mujeres en India, en Pakistán, de los osos panda que los Japoneses regalan a los Chinos para reparar los daños infligidos a las mujeres en la guerra, de Hilary Clinton, de cómo ayuda a las mujeres de Ciudad Juárez. Eran conversaciones cruzadas de mujeres que iban y venían, entre el cuidado hacia Kate.

La llevamos a su hotel y nos volvimos a casa con sensación de irrealidad y ahí comenzamos a pensar como había sucedido. Nos contaron a lo largo de la tarde que estaba en el Hotel sola y sin dinero. Que no sabían como había pasado. Algo parecido a la indignación comenzó a calar dentro de nosotras. Habíamos quedado que el viernes también nos haríamos cargo de ella. Y nos dimos cuenta que no era cosa de un ratito, que era realmente, cuidar de ella. En el momento en que las chicas de Karakola se van, yo me siento absolutamente responsable del bienestar de Kate y me pregunto como es posible que eso haya sucedido. Pienso que algo esta mal en todo esto, pero no termino de entender que es lo que esta mal.

El jueves leo a través de Facebook un articulo de Alicia Puleo donde ella cuenta lo bien que el feminismo homenajea a sus mujeres, y me doy cuenta de que no es así, de que algo esta mal aquí, pero que yo sigo sin saber que es.

Pero… sigo con mi política de disfrutar el momento. El jueves confirmo con un par de llamadas que el viernes yo me hago cargo y me la traigo a conocer a las mujeres de Guadalajara. Y así hacemos. El viernes de Semana Santa recogemos a Kate Millet a las once en el hotel, Nieves, la presidenta de la Asociación de mujeres de Guadalajara y yo. Me veo peinando a Kate Millet y ayudándole a hacerse la coleta. No me lo puedo creer y, sin embargo, me encanta la sensación de cotidianeidad como si esto siempre fuera así. La sensación de “esto lo hacemos todos los días”. Por el camino le vamos explicando como son los comportamientos de las mujeres de nuestra zona, hablamos del paisaje, disfrutamos el camino. Al llegar a Guadalajara capital la llevamos a ver el Panteón de la Duquesa de Sevillano, el Palacio del Infantado, le explicamos lo poderosa que era Mª Diega Desmasières en su momento y como se la ha borrado de la historia. Delante de la escultura hablamos del Cardenal Mendoza y de los hombres poderosos. Como a ellos no se les olvida y como se les hacen monumentos. Kate concluye diciéndonos “Boys will be boys”. Pasamos a hablar de lo fino que es el bronce, de cómo se funde. Que en EEUU solo hay cuatro monumentos levantados por mujeres. Uno de ellos firmado por Kate Millet. Yo no hago más que pensar como es posible que mi vida se haya mezclado con la de Kate. Ella me mira a los ojos y me dice que tengo que hacerle una escultura a Mª Diega. Yo pienso para mi que ya me gustaría.

Cuando íbamos hacia casa, según entramos en el termino municipal hay un molino de viento a mano izquierda, según lo vio dijo: “¡un molino de viento, como en casa!”. Yo estaba contenta, no las tenía todas conmigo pero la cosa empezaba a pintar bien. Por el camino íbamos hablando de los campos de cebada, el picadero de caballos y los viveros. Menciono las forsitias de su casa y le dije que en mi patio había tres.

Cuando llegamos a casa no quiso pasar, fue directamente al patio, donde estuvimos hablando de los narcisos, los jacintos y todas las plantas del jardín, los perros andaban sueltos y yo temía que Kate recibiera un empujón pero ella estaba pletórica. La cocker, Shiva, y ella se cayeron bien. Luego nos contaría que era su perro favorito. Se sentó en el sillón mas redondo y encendió un cigarro, ni la interesaba entrar en casa ni la interesaba comer, estaba bien allí y nos lo hizo saber.

Llegaron amigas y amigos de Madrid, Nieves y Ernestina, el marido de Ernestina, Teo de Guadalajara, Paloma,… éramos un grupo extraño como el día anterior, pero reinaba la armonía. La mesa se lleno sola, pude comprobar que mi red de amigxs me sostenía. Todo estaba organizado sin que yo hubiera tenido que intervenir. Eso me hizo sentir fenómeno.

Finalmente Kate, como cualquier matriarca que se precie, entró en casa. Según vió la mesa se le iluminaron los ojos y nos dijo que era su primera fiesta real en una casa real en España.

Disfruta comiendo, el vino le encanta y con suma tranquilidad mientras hace sus comentarios, terminamos la comida. Vamos a ver la plaza del ayuntamiento, donde se encuentra mi escultura y las fuentes que diseñé. La tarde es preciosa y la conversación también. Nos deleitamos con el momento y Kate comenta la otra vez que estuvo en España, alrededor de los años 70, fue un viaje muy frenético, que parecía un viaje de trabajo, con constantes reuniones y cambios de lugar, pero no había sentido como se vivía realmente. No es de extrañar, Franco vivía y por lo que nos contó más de un día corrió delante de los grises.

Visitamos la Iglesia de Santa Micaela y le entusiasmo. Le expliqué como siento que Micaela había eclipsado la obra de Diega Desmasières y ella me hizo una metáfora con los jardines del entorno, donde habían podado los rosales y quedaban los nudos grandes sujetos a la reja. La conclusión venía a ser que así como la jardinería siempre es jardinería y, a pesar de la poda, siempre queda rosal para seguir creciendo, las mujeres siempre son mujeres independientemente de que seamos monjas o seglares, y que la energía siempre permanece y continua.

Después queria ver una procesión, estaban yendo los nazarenos a sus lugares de encuentro con el capirote debajo del brazo, alucinaba viéndolos pasar. Nos dijeron que hasta las 9 no empezaba la procesión, que mientra tanto se iban reuniendo, así que decidimos poner rumbo a Madrid y allí me la lleve, con José, mi marido, y mi hijo pequeño, Carlos. Al llegar al hotel volví a ayudarle a peinarse con la misma sensación de irrealidad que tuve por la mañana. Pensé que ya iba a querer retirarse, pero nos propuso un restaurante en la Gran Vía para tomar pescado y el último vino blanco antes de irse de España. Allí se nos unió Alex que tenía un gran interés en verla. Cenamos y hablamos por última vez, y después de un paseo por Gran Vía, al llegar al hotel me pidió que la acompañara a su habitación. Me explicó como le había gustado ese hotel en el centro de la ciudad, con esa terraza que daba sobre el parking. Como había visto al barrendero limpiar la ciudad con mimo y cariño. Que eso en NY es imposible de ver. Se sentía feliz y eso me hizo sentir bien. Allí nos despedimos, prometiendo estar en contacto para el futuro. Nos volvimos a Guadalajara llevando en la retina la imagen de mi hijo de ocho años abrazando a Kate y ella devolviéndole el abrazo, diciendole que jugara a ser detective, que investigara por su habitación. Y a todas esas mujeres diciéndole lo fantástico que era conocerla porque en la universidad la habían leído, lo importante que era que ella estuviera un ratito en sus vidas.

Toda esta experiencia de mi particular Semana Santa quería compartirla con vosotrxs para que me ayudeís a comprender como pasó. Como puede ser que Kate Millet se encuentre en España sin compañía, y como puede ser que en la conferencia no todas cupiéramos en la sala porque la sala era pequeña.

Me he tomado un tiempo de reflexión para enviaros este escrito. Creo que por dos motivos. El primero porque es algo que pertenece a mi intimidad y me cuesta hacerlo público. Me gusta que mi cotidianeidad me pertenezca a mí. Y el segundo que no quiero que sirva de herramienta para aquellxs que les gustan las rupturas y los errores dentro del movimiento feminista. No quiero que sirva para estropear ni destruir nada. Quiero que sirva para abrir un espacio de reflexión que nos ayude a ver en que fallamos cuando llega el momento de la sororidad y el cuidado. Y quiero que sirva para construir y evitar que nos vuelva a suceder. Si no fuera así, solo sería una batallita a contar delante de una caña, pero creo que no es así, creo que es algo de trascendencia suficiente como para que sea una necesidad compartirlo. De corazón, un abrazo sórico para quien lea.

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