soy fan de Valcárcel

Viernes, 16 mayo 2008 en 7:00 | Publicado en política y sociología | 1 comentario

Soy fan de las mujeres (malas) desde siempre, porque yo lo soy pero también porque después de años de lecturas descubrí que las mujeres debían y tenían derecho a serlo; ¡lo decía una filósofa! Ésta, en concreto:

Juro por Snoopy que ya tenía el post sobre ella cuando salió el artículo de hoy en El País, pero qué bueno lo de la telepatía. Amelia Valcárcel (para quienes no la conozcan enlazo a su biografía pública) es una filósofa española que también fue política; se mojó y ensució y eso la hace aún más grande, pues los pactos de silencio entre las políticas -la solidaridad femenina, en definitiva; sororidad me suena tan cursi ;-)- que propugnaba ella sabe que contradicen frontalmente y a 250 km/h la política partidista, el voto de partido, las votaciones sin conciencia, las listas cerradas, el nepotismo, los lobbies, el machismo, las jerarquías, el vota y calla y critica al oponente porque sí, sin razonar. La política del silencio, de la huelga a la japonesa, diligente, de resistencia pasiva a la fácil crítica a las políticas (miembros de partido, cargos electos).

Gran parte de los tramos de acción presente y futura hasta ahora enumerados se dejan resumir en tres: variación de marco conceptual, aumento de la capacidad de acción y reparación de los déficits cuantitativos. Quisiera, por último, señalar algunos objetivos inmediatos que despejen en efecto el camino a la paridad. Enumeraré al menos tres de ellos. El primero es solventar también el déficit cualitativo. No podemos pensar que la discriminación de élites no forma parte de los déficits cuantitativos, aunque de suyo es un déficit cualitativo. Y en este momento en particular fortísimo. Dado el actual nivel de formación y preparación curricular de la población femenina, su fracaso masivo -y en esto los números que se comenzaron a hacer en la década anterior son rotundos- no puede producirse sin voluntad expresa de que ocurra ni sin voluntades operativas que lo persigan. El techo de cristal se sigue produciendo y reproduciendo en el conjunto completo de los sectores profesionales.

El segundo iluminar la ginofobia del mercado y desactivarla. Las mujeres resultan ser los sujetos peor parados en el sistema del mercado -en apariencia indiferente- con menores posibilidades de empleo, con peores empleos y con tareas a menudo muy por debajo de su capacidad individual. Ajustar el mercado a la meritocracia para el caso de las mujeres es una tarea primordial. La actual generación de mujeres de treinta años soporta, como ninguna en el pasado, una discriminación continua que, además, tiene muy poco de sutil. Esa generación, la de mayores logros y mejores tasas educativas que hayamos tenidos nunca, está sufriendo, por el momento, un auténtico desastre.

Y, en tercer lugar, hay todavía un grave déficit de voluntad común. El feminismo no es sólo una teoría ni tampoco un movimiento, ni siquiera una política experta. Siendo todo eso, ha sido y es también, lo digo a riesgo de repetirme, una masa de acciones, a veces en apariencia pequeñas o poco significativas. Cada vez que una mujer individualmente se ha opuesto a una pauta jerárquica heredada o ha aumentado sus expectativas de libertad en contra de la costumbre común, se ha producido y se produce lo que podríamos llamar un “infinitésimo moral” de novedad. El feminismo ha sido y es esa suma de acciones contra corriente, rebeldías y afirmaciones, que tantas mujeres han hecho y hacen sin tener para nada la conciencia de ser feministas. Esto es, tales acciones se realizan sin la conciencia de una voluntad común.

Creo que en este momento y en esta tercera ola del feminismo al que pertenecemos , que es la que da paso a un tercer milenio, las mujeres pueden ser ya capaces de forjar una voluntad común relativamente homogénea en su fines generales: conservar lo ya hecho y seguir avanzando en sus libertades. Pertenezcan a la parte del espectro político que pertenezcan, las mujeres presentes en lo público tienen el deber y la capacidad de elaborar una agenda de mínimos consensuados. Si se esfuerzan por lograr fraguar esa voluntad común, todas las mujeres lograremos nuestros fines con mucho menor esfuerzo -aunque sólo sea emocional- del que hasta ahora a nuestras predecesoras les costó conseguir lo que nosotras tenemos.

(extracto del libro: Los desafíos del feminismo ante el siglo XXI, editado por Amelia y Rosalía Romero, Sevilla, 2000)

Cómo temblaba yo cuando quería preguntarle si consideraba una gilipollez el establecer partidos de sólo mujeres, o al apuntar un tímido voto a favor del “pañuelo islamista” en pro de lo multicultural (eran mis tiempos más políticamente correctos) y ella no sólo me corrigió sino que me convenció… a medias. Ella, en la pecera del Círculo de Bellas Artes, fumando, elegante, dueña y señora de estudiantas…

Me encanta por ser una filósofa con las uñas pintadas, mi domina preferida, seria pero con un agudísimo sentido del humor (por favor, mirad esta conferencia como ejemplo), una perversa inteligente. Gracias por estar ahí.

¡ah, sí! y también tengo un gusto inconfesable, una perversión, pero me cae bien Mistress San Gil y no sé por qué. Sus razones tendrá, pero también hay que tener cuajo y ella lo tiene.

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  1. […] Dolores Juliano (Universidad de Barcelona) La rebeldía de género en los años cincuenta y sesenta Amelia Valcárcel (Universidad Nacional de Educación a Distancia) 18:45 COLOQUIO 19:15 PAUSA/CAFÉ 19:30 […]


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