analfabetismos

Viernes, 13 abril 2007 a las 10:19 | Publicado en diáspora, lo personal es político, política y sociología | Deja un comentario

copyright consejo de europa yo lo uso por el morro

La vida era antes más sedentaria, menos competitiva, la gente se sentía más apoyada por el entorno local, más amparada en sus referentes territoriales. Para que nuestras vidas vayan mejor, deberíamos incluir:

1) Alfabetización psiquiátrica en primaria y secundaria;

Cuando se produjo el golpe de estado en Argentina (1976) y el consecuente exilio masivo, una nueva generación de psiquiatras españoles estaba embarcada en la prodigiosa aventura de la Reforma Psiquiátrica.

La reforma hundía sus raíces en una larga tradición humanista y correspondía al espíritu de los tiempos, a las libertades democráticas recién adquiridas, a la lucha por la libertad, no sólo la propia sino también la de los otros, a la defensa de los derechos humanos. Los argentinos llegaban de otra experiencia: de una derrota de las fuerzas progresistas, del terror, del fracaso de sus proyectos vitales y profesionales que se habían visto bruscamente truncados.

Y, también, con otras necesidades: la de ganarse el pan, la de hacerse un lugar; en suma: la dura lucha por la vida, redoblada por su condición de inmigrantes recientes.

La Reforma Psiquiátrica, al abrir los manicomios y los servicios de larga estancia, no sólo deja salir a los locos, sino que permite entrar a otras corrientes distintas a la psiquiatría tradicional; y algunos psicoanalistas, entre ellos muchos argentinos y latinoamericanos, las atraviesan.

Si la participación de estos profesionales en la Reforma no es más destacada, es porque casi todos ellos eran psicoanalistas; y los psicoanalistas, en España como en otros países, no fueron los promotores del cierre de los manicomios.

Esa tarea, más política que psiquiátrica, vinculada a la lucha por los derechos humanos de los que los psicóticos se veían privados más que a una corriente científica; fue realizada por psiquiatras que habían tomado conciencia del papel policial y carcelario, más que médico, que se veían forzados a cumplir.

Algunos terminaron adhiriendo al psicoanálisis, pero esa adhesión fue contemporánea o, más habitualmente, posterior a la reforma; no previa a ella.

En lo que sí esta inmigración masiva tuvo una influencia decisiva fue en la difusión y democratización del psicoanálisis, aportando no sólo un gran número de analistas y analizantes, sino una variedad de experiencias “psi” que hasta entonces era desconocida.

En este sentido, podemos decir que los psicoanalistas argentinos y latinoamericanos contribuyeron enormemente a la expansión y divulgación del psicoanálisis en España y a su inserción en la Reforma Psiquiátrica mediante su participación en los procesos de cambio en la atención a la salud mental y en el desarrollo de instituciones, servicios sociales, educativos, de planificación familiar, judiciales y otras organizaciones.

Hoy en día somos testigos de cómo la reducción presupuestaria, el estancamiento de una oferta que no acompaña al incremento de la demanda, el traspaso de la red de Salud Mental a la gestión privada (en Catalunya), la presión de los laboratorios y el retroceso de la izquierda, favorecen la congelación de la reforma, su limitación a la sustitución de la prisión manicomial por el chaleco químico (lo que no es poco, al menos en el terreno de los derechos humanos), y, simultáneamente, la exclusión del psicoanálisis, como la de toda teoría que sostenga una ética de la palabra, de la salud pública.

La calidad de la asistencia disminuye y el desánimo se apodera de los profesionales.

Éste no es un fenómeno exclusivamente español.

“Una encuesta reciente publicada por Le Monde” [22 de diciembre de 1998] “muestra que numerosos médicos franceses, especialmente los que se ocupan de estados de urgencia, no están mejor que sus pacientes. Inquietos, desgraciados, hostigados por los laboratorios e impotentes para curar, para escuchar un dolor psíquico que los desborda cotidianamente, parecen no tener otras soluciones que responder a la demanda masiva de psicotrópicos. ¿Quién se atrevería a culparlos”.

La reforma psiquiátrica es un acto inconcluso, una deuda que aun tiene la psiquiatría con la sociedad: hospitales psiquiátricos de larga estancia que perduran, algunos en condiciones deplorables, falta de una auténtica política de prevención, sobre todo en atención primaria, etc.

Es como si pasada la oleada de entusiasmo que acompañó a la transición y acompañando el giro a la derecha de la sociedad, se hubiera impuesto en la psiquiatría como en el conjunto de la sociedad aquello que Foucault llamó bio-poder, una política que pretende gobernar el cuerpo y el espíritu en nombre de una biología erigida sistema totalizador y ocupando el lugar de la religión.

Los psicoanalistas latinoamericanos, que tanto aportaron a la presencia del psicoanálisis en una reforma con la que se encontraron a su llegada, y a su expansión en la sociedad española; pasado el empuje de aquella y una vez establecidos en el país, salvo algunas excepciones, también han participado de la implosión del psicoanálisis y de su retorno a las consultas privadas, sin influencia alguna sobre la sociedad.

Extracto de Los psiconalistas argentinos en España


2) Alfabetización financiera:

No hay una única definición de lo que significa que un chico o chica no sea un analfabeto financiero. Pero en términos generales, para Luzzo implica que los adolescentes “sean capaces de ejercer de una forma efectiva sus responsabilidades diarias como consumidor”. Uno de los programas de JA es un curso online para estudiantes de secundaria -titulado JA Personal Finance y financiado por la Fundación Goldman Sachs–, cuyo objetivo es ayudar a los jóvenes a comprender las partes esenciales de una nómina y el significado de las deducciones; cómo hacer un presupuesto; los principios básicos del ahorro y de la inversión; el papel de los tipos de interés en la economía; cómo descifrar el extracto de una tarjeta de crédito; o el papel que juegan las políticas aseguradoras –salud, propiedad, incapacidad o vida– a la hora de gestionar el riesgo.

Carta al director y El País 20 de marzo de 2007.

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